En las ciudades fundadas en Hispanoamérica, las instituciones civiles y religiosas, incluida la música, eran un reflejo de las que existían en la Península Ibérica. Las catedrales y parroquias tenían capillas de música dirigidas por un maestro, encargado no solo de dirigir y seleccionar las piezas musicales sino también de componer las nuevas obras que se requerían a lo largo del año litúrgico, especialmente villancicos para Navidad, para el Corpus, así como para las diversas fiestas de la Virgen María y de los santos patronos.
Los maestros americanos, como Juan Gutiérrez de Padilla, Antonio de Salazar o Juan García de Céspedes, maestros de las capillas de Puebla y Ciudad de México, alcanzaron un alto nivel comparable al de sus colegas peninsulares. Aunque durante mucho tiempo se menospreció el repertorio hispanoamericano del siglo XVII por no ajustarse a los criterios del canon musical occidental, los archivos americanos contienen miles de obras que esperan a ser rescatadas y valoradas con justicia por el público actual. La música hispanoamericana del siglo XVII es atractiva por su carácter brillante, popular e ingenioso, influenciada por el teatro del Siglo de Oro y elementos culturales mestizos, como danzas de origen americano como la guaracha. “Vaya de fiesta” es un puente que conecta el pasado y el presente mostrando la riqueza de estas músicas que resonaron hace más de 300 años en ambos lados del Atlántico y nos recuerda que el patrimonio cultural español es una fuente inagotable de inspiración y orgullo.